El asma es una enfermedad común y, a menudo, aterradora.
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En ABCD Pediatrics, pensamos en ello todos los días. Tenemos la suerte de contar con medicamentos eficaces para prevenir y tratar el asma, así como con herramientas de diagnóstico y tratamiento que podemos emplear en la consulta para mantener a los niños con asma sanos y seguros.
Los síntomas del asma suelen aparecer y desaparecer. A veces cambian rápidamente. Pueden ser alarmantes, tanto a la vista como al tacto. Con frecuencia, a los pacientes con asma se les recetan varios medicamentos diferentes, cada uno con instrucciones distintas. Por todo esto, es útil que los padres (y los pacientes) comprendan un poco cómo funciona la enfermedad y por qué se recetan los medicamentos de la manera en que se hace.
¿Qué es el asma?
Para entender el asma, piensa en lo que se siente al tener fiebre del heno (alergias estacionales) cuando hay polen en el aire. Si tienes la suerte de no padecer fiebre del heno, imagina tener la nariz tapada por un resfriado.
Cuando una persona contrae la fiebre del heno, un desencadenante (como el polen, la caspa de gato o la gramilla) provoca que el interior de la nariz se inflame y produzca mucosidad. Se produce congestión. La congestión puede dificultar el paso del aire por la nariz, pero no es un gran problema: simplemente respiramos por la boca.
Cuando alguien tiene asma, el proceso es similar, solo que ocurre en los pulmones. En otras palabras, un desencadenante (polen, caspa de gato, etc.) provoca que los conductos que transportan el aire en los pulmones se inflamen y produzcan mucosidad. Estos conductos se llaman bronquiolos. Los bronquiolos se congestionan.
La congestión pulmonar dificulta el paso del aire y, al estar los pulmones inflamados, no hay una vía alternativa para que el aire circule. Esta congestión provoca tos y sibilancias, y puede llegar a ser una situación de riesgo vital.
Los desencadenantes del asma suelen ser los mismos que los de las alergias (polen, moho, animales), pero existen otros comunes. Los mismos virus que causan el resfriado común también pueden desencadenar el asma. El humo del cigarrillo es un desencadenante muy poderoso y frecuente del asma para muchas personas. Otros olores químicos, como los perfumes fuertes, también pueden ser desencadenantes. El aire frío y el ejercicio, o la combinación de ambos, también pueden ser desencadenantes para algunas personas con asma.
Cuando un niño tiene asma, el primer paso es EVITAR LOS DESENCADENANTES. Los padres suelen aprender con el tiempo cuáles son los desencadenantes de su hijo, según cuándo aparecen los síntomas. Algunos desencadenantes (como el ejercicio, el aire frío y los virus) normalmente no se pueden evitar, pero otros (animales, moho, humo de cigarrillo) sí.
Cuando ocurre por primera vez, un ataque de asma puede parecer dramático y aterrador. Con el tiempo, la inflamación repetida de los bronquiolos provoca cicatrices en el interior de los pulmones. Por ambas razones, ok la pena el esfuerzo por evitar los desencadenantes.
Medicamentos para el asma
Afortunadamente, hoy en día contamos con excelentes medicamentos para el asma. Si se usan correctamente, pueden evitar que los ataques de asma pongan en peligro la vida. Si usted o su hijo padecen asma, probablemente conozcan algunos de ellos.
El albuterol (nombres comerciales: Pro-Air, Ventolin o Proventil) es nuestro medicamento de primera línea contra el asma. El albuterol actúa rápidamente dilatando los bronquiolos. No reduce la inflamación, pero facilita el paso del aire a través de los conductos inflamados hacia los pulmones. Debido a su rápida acción, a veces se le etiqueta en rojo y se le denomina «medicamento de emergencia».
El albuterol se gestiona mediante un inhalador con espaciador (un tubo de plástico que facilita que el medicamento llegue a los pulmones, en lugar de ser ingerido y llegar al estómago). Los inhaladores y espaciadores se pueden usar incluso en bebés, ya que no requieren coordinación, solo respiración. Nuestro personal puede mostrarle a usar el inhalador y el espaciador correctamente. Aquí tiene un video del Hospital Infantil de Pittsburgh que muestra cómo usar el espaciador.
Los esteroides orales (prednisona, prednisolona, Ora-pred) son medicamentos poderosos que reducen la inflamación. Se emplean cuando los síntomas del asma son intensos. Cuando un niño sufre un ataque de asma grave, generalmente se le receta un tratamiento de 3 a 5 días con esteroides orales. Estos medicamentos actúan con relativa lentitud para reducir la inflamación y pueden causar algunos efectos secundarios. Solo los usamos cuando es necesario.
Los esteroides inhalados (Flovent, Q-Var, Pulmicort) son similares a los poderosos esteroides orales, pero se gestionan en dosis muy pequeñas mediante un inhalador (o a veces un nebulizador, un inhalador de disco u otro dispositivo). Estas dosis mínimas reducen los efectos secundarios. De hecho, son tan pequeñas que no eliminan la inflamación, pero sí pueden prevenirla. La mayoría de los niños con asma persistente usan esteroides inhalados todos los días cuando NO tienen síntomas, para evitar que se produzca un ataque de asma si se exponen a un desencadenante.
Existen muchos otros medicamentos para el asma que se recetan en diversas situaciones. Consulte con su médico si tiene alguna pregunta o si no está seguro de cuándo usar cada medicamento. Además, hay mucha otra información que debe conocer sobre todos los medicamentos mencionados antes de comenzar a usarlos. El médico de su hijo y su farmacéutico son excelentes recursos para resolver cualquier duda sobre los medicamentos.
Plan de acción contra el asma
De acuerdo, los medicamentos son muy efectivos, pero solo si se usan correctamente. Entonces, ¿cómo se pueden usar correctamente?
A los pacientes con asma a menudo se les entrega un PLAN DE ACCIÓN PARA EL ASMA: una hoja de papel con tres conjuntos de instrucciones codificadas por colores:
VERDE, para cuando todo va bien;
AMARILLO, para cuando los síntomas empiezan a intensificar un poco;
ROJO, para cuando los síntomas se vuelven significativos.
Cuando la situación está en "verde", los pacientes no deberían presentar síntomas; es decir, no tienen dificultad para respirar, no tienen tos y no tosen al dormir por la noche.
Cuando los niños tienen asma persistente, se mantienen sanos tomando un medicamento preventivo a diario, generalmente un esteroide inhalado. Sabemos que es difícil darles medicamentos a sus hijos todos los días cuando parecen estar sanos. Pero el asma persistente es una enfermedad crónica grave, así que si les recetaron un medicamento diario, suspenderlo podría aumentar el riesgo de que sus síntomas empeoren.
Los síntomas de la fase “amarilla” pueden incluir tos, una leve opresión en el pecho y dificultad para respirar al hacer ejercicio. Con frecuencia, los pacientes asmáticos en la fase “amarilla” tosen por la noche mientras duermen.
La zona roja indica que la situación está empeorando. Los pacientes en esta zona tienen dificultad para respirar y es posible que no puedan pronunciar una frase completa de una sola vez. Pueden respirar rápidamente y sentir miedo.
El Plan de Acción para el Asma, u otras instrucciones del médico de su hijo, le indicarán qué hacer si su hijo presenta síntomas de nivel “amarillo” o “rojo”. Por supuesto, si tiene dudas, llame inmediatamente para pedir consejo. Los síntomas del asma pueden cambiar rápidamente, especialmente en los niños, y la dificultad para respirar SIEMPRE es una emergencia. Si su hijo tiene un Plan de Acción para el Asma, cerciorar de que la enfermera escolar y cualquier otro adulto que lo cuide tengan una copia y la comprendan.
¿Existe alguna prueba para detectar el asma?
El asma generalmente se diagnostica mediante un examen físico, tras conocer los antecedentes médicos y familiares del paciente durante una consulta. El diagnóstico se confirma cuando los síntomas del paciente responden bien a los medicamentos y muestran mejoría luego del tratamiento adecuado.
Técnicamente, sí, existen pruebas que pueden confirmar un diagnóstico de asma. La espirometría (o prueba de función pulmonar) se puede realizar en el consultorio de un neumólogo y es eficaz para niños mayores (de aproximadamente 7 años) que presentan síntomas.
Las pruebas de alergia pueden ser útiles en algunos casos y pueden realizar con la ayuda de un alergólogo. En la mayoría de los casos, no son necesarias las visitas a especialistas ni las pruebas adicionales, y el diagnóstico se realiza durante una consulta en el consultorio.
No dudes en preguntar sobre el asma. Si tu hijo/a tiene asma, es importante que sepas cómo controlar sus síntomas. Cerciórate de que las instrucciones que te dieron sean claras. Si no lo son o si tienes dudas, llama para que te las expliquen.
Y, por supuesto, si sus hijos tienen dificultad para respirar, tengan o no asma, no intenten tratarlos en casa. Acudan siempre a urgencias.